Los tres juramentos

Enunciados de anti-reconquista y anti-repoblación en masa antes de la era mesiánica en las tradiciones rabínicas y post-rabínicas

Por David Ramírez

Introducción

Para el primer aniversario luctuoso de las masacres de Octubre 7 (2023), junté las siguientes fuentes con la intención de abrir una conversación. Esto es parte de un proyecto más amplio, donde voy a intentar de dar una opinión sefaradí – la mía – sobre la situación actual en términos históricos y legales, perfilándolo por medio de la postura tradicional e históricamente dominante de los Profetas, Rabinos y opiniones pan-sefaradíes respecto a la reconquista y repoblación en masa de la Tierra Santa (Éress Israel) antes de la era mesiánica por casi 2,250 años, alcanzando hasta la primera parte del s. XX e.c. Siento que necesitamos entablar esta conversación en lo que ha llegado a ser una coyuntura crítica y peligrosa en nuestra historia, para comenzar a buscar soluciones al presente atolladero – que es una situación incómoda, compleja y arriesgada.

                Para mejor entender estas fuentes, lo que los sefaradím y la academia generalmente significan como “rabínico” o “los Rabinos” son todas aquellas decisiones jurisprudenciales y declaraciones éticas hechas por los Rabinos-Jueces de ambos talmuds (el Bablí y el Yerushalmí) hasta el s. V .e.c., investidos con la semikhá oficial (ordenación judicial de la Suprema Corte judía, de otra manera conocida como  Beth Din haGadol), que acorde a la tradición judía se remonta sin interrupción hasta Moisés mismo (circa s. XIV a.e.c., vea la Introducción de la M”T, párrafos 23-42), y forman el núcleo de toda la halakháh nacional oficial (decisiones legales judías normativas) que todo el pueblo judío está obligado a seguir. Por pan-sefaradí, significo aquellos hakhamím (sabios) que siguieron los pasos de los Geʿoním y los hakhamím clásicos sefaradíes hasta y más allá del s. XII. Estos comprenden las opiniones generales de las tradiciones sefaradí (occidental y oriental) y mustʿarabí, quienes crearon decisiones legales para sus comunidades locales. Estos no solo incluyen a los hakhamím más importantes, pero también líderes comunitarios y activistas.

                Además, mientras que la Tradición rabínica determina cuál debería ser la práctica jurídica y ética normativa vinculante para todo el pueblo judío, la tradición post-rabínica entre los pan-sefaradím determina aquellas prácticas para sus comunidades locales, que de ninguna manera son vinculantes si la comunidad decide no seguirlas o contradicen las decisiones rabínicas. En este sentido, la mayor parte de la tradición asquenazí difiere de los pan-sefaradíes, donde para ellos sus rabinos se consideran autorizados para realizar cambios en la halakháh talmúdica normativa, y algunos pretenden que sus decisiones sean universales para el pueblo judío. Estos poseqím (decisores legales) post-rabínicos de la tradición asquenazí son seguidos según su fama o percibida erudición. Su tradición no es considerada para esta presentación, porque en definitiva no reconocen la autoridad de la última Corte Suprema, aunque algunas de sus opiniones puedan armonizar con lo que aquí se presenta.

                Divulgo personalmente en pleno, aunque a través de mi vida adulta había visto algunas de estas fuentes, debo confesar que me había negado estudiar este tema en particular, ya sea debido por razones políticas personales, miedo a lo que podía encontrar, y generalmente para guardar la paz en mi comunidad donde tenemos miembros estilados al racismo territorial germano. Mi postura original concerniente al tema viene de mi abuelo materno, de quien aprendí mis primeras palabras de la Toráh. Su postura personal era que la obligación para mudarse a Terra Santa dependía del mashiaḥ, el Mesías judío.

                Los siguientes enunciados se centran alrededor de lo que generalmente se conoce como los Tres juramentos, un conjunto de declaraciones rabínicas en contra de la reconquista y la repoblación en masa de la Tierra Santa antes de la era mesiánica, los cuales fueron registrados en el Talmud y literatura rabínica adyacente durante el periodo de los Amoraím (200-500 e.c.) Estos enunciados rabínicos son considerados por unos como midrashím, es decir material homelítico que no tiene valor legal vinculante. Sin embargo, existe un tipo específico de midrash que se llama midrash halakháh cuya función es elucidar fuentes Bíblicas para propósitos halájicos (legales), lo cual no estoy preparado para discurrir. El material siguiente está presentado en orden cronológico, para que el lector pueda apreciar la evolución de esta postura rabínica a través de los siglos en la tradición post-rabínica pan-sefaradí, lo cual debe ayudarte a notar pequeños cambios pero también su consistencia.

                Algunos de mis hallazgos prematuros indican que (1) la Tradición rabínica no tiene ni nunca desarrolló una doctrina “sionista”. Todo lo contrario, (2) la Tradición rabínica, y por ende la mayoría de las tradiciones post-rabínicas, parecen ser muy “anti-sionistas”. Además, y lo más importante, (3) esta postura de anti-reconquista/anti-repoblación en masa parece remontarse hasta los profetas mismos. Recomiendo que tomen particular y cuidadosa atención a las declaraciones del RaMbáM.  A pesar que (4) los Tres juramentos nunca fueron formulados por él como halakháh (decisión normativa legal) en su Mishnéh Toráh, en su Carta a los judíos de Yemen (al-Risalat al-Yamania) los usa para halakhah leMaʿaséh (decisiones legales para ser implementadas), así como futuros hakhamim lo harían después que él. En el Talmud, “algunas reglas fueron puestas en práctica como halakha le-ma‘ase aunque no sean halakhot formalmente; vea Kettubót 56a. Esta es la razón por qué los sabios distinguían entre halakha y halakha le-maʿase; vea Baba Batra 130b; Yerushalmi Gittin V, 47a; cf. Horayot 2a”. (José Faur, Horizontal Society vol. II, Apendix 32 “Qabbala and Halakhah”, pags. 64-67). Además, con el entendimiento de que Maimónides estaba presentando el sumario de decisiones de Ḥazal (Rabinos talmúdicos miembros de la Corte Suprema) – no su propia opinión experta (vea el comentario de Hakhám Yosef Qafiḥ sobre la Introducción de la M”T), debería de ser de interés adicional que a pesar de no formular los Tres juramentos como halakháh, formula como halakháh la prohibición de no especular sobre como la era mesiánica vendrá a realizarse, y no calcular la venida de mashiaḥ (Hilekhót Melakhím wuMilḥamót 12:2), subrayando que estas cosas “no están explícitamente indicadas por los profetas. Ni tampoco los Rabinos tienen ninguna tradición concerniente a estas cosas”.

                Mucho antes de Octubre 7, mientras veía que la situación política con los extremistas religiosos se estaba calentando, solo para asegurarme que no estaba muy perdido en mis suposiciones preliminares, le había preguntado a un expupilo de Hakhám Faur, si existía la obligación halájica en cualquier parte del Talmud para ser un “sionista”, significando en nuestro contexto actual de apoyar la reconquista y repoblación en masa de Terra Santa. Para apreciar el peso de su respuesta – la cual continuamente evitó de dar hasta que lo pude acorralar, debo mencionar que vino altamente recomendado por Faur, describiéndolo en un correo electrónico a mi – fechado Octubre 17 2017 – como “uno de los mejores talmidím que han estudiado conmigo”. La respuesta del expupilo de Faur fue – en paráfrasis – No, no hay obligación halájica para ser “sionista”. Cuando vi esto, una ordenanza del Maʿamad (gobierno laico sefaradí) de Ámsterdam en 1639 se me vino inmediatamente a la mente: “[el hacer eso] sería contrario [a nuestros intereses y] perturban la libertad que gozamos y nos hace odiados por algo que ni es ley ni obligación”.

                Finalmente, como parte de mi amplio proyecto no incluido aquí, compararé este precedente rabínico de anti-reconquista y anti-repoblación en masa con decisiones legales y obras literarias escritas durante el s. XIX que parecen adoptar un postura “pro-sionista”, tal y como fue presentado en los artículos de Faur “Religious Humanism and Zionism” [The Sephardi and Oriental Jewish Heritage: Studies (Jerusalem: Magnes, 1982), 325-349], “Early Zionist Ideals Among Sephardim in the Nineteenth Century” [Judaism: A Quarterly Journal of Jewish Life and Thought, vol. 25, no. 1 (Winter 1976): 54-64], y una sección en específico en su Horizontal Society entitulado “Jewish Dominion over the Land of Israel” (Boston: Academic Studies Press, 2008, pags. 143-146); para luego contrastar estas fuentes con la manera que ha sido manejado principalmente por los llamados “sionistas políticos” entre los pensadores no-religiosos y religiosos de Ashkenaz. Sea como sea, cualquier cosa que haya pasado con el movimiento de los “sionistas” políticos y su realización desde el s. XIX, podemos estar seguros de que ni la tradición rabínica o sefaradí fue considerada para nada en su planeamiento y ejecución por sus principales arquitectos, los cuales son llamados “herejes” por algunos. Yo personalmente estoy en desacuerdo con esta última descripción por razones que daré en mi artículo más amplio.

                Las siguientes fuentes son presentadas mostrando las fuentes rabínicas y adyacentes a ellas primero (incluyendo la M”T del RaMbáM, ya que estas formulaciones son literalmente las decisiones del mismo Ḥazal), fuentes post-rabínicas después, y declaraciones de lideres y activistas pan-sefaradíes durante la primera parte del s. XX entonces viviendo en Terra Santa y el Levante. Muchas gracias por su lectura.

Fuentes rabínicas

¿Cuáles son estos tres juramentos? Uno, que Israel no suba el muro; uno, que el Santo Eterno, bendito sea, conjuró a Israel a no rebelarse contra las naciones del mundo; y uno, que el Santo Eterno, bendito sea, conjuró a los idólatras a no oprimir demasiado a Israel. –TB Kettubót 111a (circa ss. III al V).

Porque Dios dijo: “El pueblo puede cambiar de opinión cuando vea la guerra” [Éxodo 13:17]. Esta es la guerra de los hijos de Efraín… porque forzaron el Fin y transgredieron el juramento. – Mekhiltá deRabbí Yishma‘el (circa s. III u VIII), ed. Horovitz-Rabin (Frankfurt am Main, 1931), Masekhtá deWayehi, Petihta.

Rabí Helbo (s. III) dijo: Aquí hay cuatro juramentos: que no se rebelarán contra los reinos; que no fuercen el Final; que no revelen su misterio a las naciones del mundo; y que no asciendan como un muro desde el Exilio. Rabí Onya dijo: Estos cuatro juramentos corresponden a las cuatro generaciones que forzaron el Fin y fracasaron… [Los hijos de Efraín] se reunieron y fueron a la guerra, y muchos de ellos murieron. ¿Por qué?  Porque no creyeron en Dios y no confiaron en su salvación, porque transgredieron el Fin y el juramento, “para que no despiertes ni excites mi amor”. – Shir HaShirím Rabbáh 2:7 (s. VII).

Algunos de nuestros Sabios dicen que la venida de Elías va a preceder el advenimiento del Mesías. Pero nadie está en la posición de saber los detalles de esto y cosas similares hasta que hayan sucedido. No están explícitamente indicados por los Profetas. Tampoco los Rabinos tienen alguna tradición concerniente a estas cosas. Ellos se guían solamente por lo que los textos bíblicos parecen implicar. Así que existe una divergencia de opiniones sobre el sujeto. Sea como sea, ni la exacta secuencia de esos eventos ni los detalles de eso constituyen dogmas religiosos. Nadie debe de ocuparse con estos temas legendarios o gastar mucho tiempo en declaraciones midráshicas (i.e. homilías bíblicas) concerniente a esto y sujetos similares. No debe de considerarlos de primordial importancia, ya que no conllevan al temor de Dios ni tampoco el amor a Él. Tampoco debe calcularse el Final. Dijeron los Rabinos (i.e. Jueces de Israel): Malditos sean los que calculan el final (TB San. 97b). Uno debe de esperar (su venida) y aceptar en principio este artículo de fe, como hemos declarado antes. – Mishnéh Toráh, Hilekhót Melakhím wuMilhamot, 12:2 (mi énfasis en negrillas)

Responsa y piyyutím post-rabínica

Desde siempre y desde la antigüedad
Tú que examinas las entrañas
Con dos juramentos
Conjuraste a los cachorros de león
Diciendo: uno, que no fuercen el futuro Fin
y uno, no rebelarse contra los cuatro reinos.
– R. Simeón ben Megas haKohen (s. VI), Joseph Yahalom, Piyyute Shimón ben Nagas (Jerusalén, 1984, p. 241.

Di juramento a mis multitudes de no rebelarse contra el Salvaje
[Ismael] y Edom
Guarda silencio hasta el momento en que los haga como Sodoma…
Os hice un juramento, mis cuidadosos, para que no os deleitéis
Esperad el Fin de los Días y no tembléis.
– R. Samuel ben Rabbi Hoshaya (s. X), Ginzei Schechter (New York, 1928), pt. 2, págs. 65,70.

Los profetas nos han predicho e instruido, como os he dicho, que aparecerán en gran número de pretendientes y simuladores en el momento en que se acerque el advenimiento del verdadero Mesías, pero no podrán hacer realidad sus afirmaciones. Perecerán con muchos de sus partidarios. Salomón, de bendita memoria, inspirado por el Espíritu Santo, previó que la duración prolongada del exilio incitaría a algunos de nuestro pueblo a tratar de terminarlo [el exilio] antes del tiempo señalado, y como consecuencia perecerían o sufrirían un desastre. Por eso les amonestó y les conjuró en lenguaje metafórico que desistieran, como leemos: Os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por las gacelas o por las ciervas del campo: no despertéis ni estimuléis al amor hasta que plazca [Cantar de los Cantares 2: 7]. Ahora bien, hermanos y amigos, respetad el juramento y no provoquéis el amor hasta que quiera. – R. Moisés Maimónides (1135 – 1204), “The Epistle to Yemen”, Crisis and Leadership: Epistles of Maimonides, Philadelphia 1993, p. 130.

[Leemos] en el Talmud de Jerusalén, Shekalím (3:4): “Fue enseñado en nombre del Rabino Meir: Quien habita permanentemente en la Tierra de Israel y habla la lengua sagrada [i.e. hebreo], etc., tiene asegurada su participación en el mundo venidero”. Sin embargo, no pueden subir para conquistar hasta que llegue el Fin, como se afirma al final del tratado Ketubbot: “Para que no provoques y despiertes [el amor]… no deben ascender el muro”. – R. Estori [Isaac ben Moses] ha-Parhi (1280–1355), Kaftor va-ferah (Jerusalén, 1897), p. 197.

El profeta dijo al pueblo: “Construyan casas…” [Jer. 29:5] – dirigiéndose a aquellos que viven en el exilio decretado sobre ellos… Ahora, también, uno de los tres juramentos que el Santo Eterno, bendito sea, hizo tomar a Israel es el de no ascender al muro. – R. Isaac ben Sheshet Perfet (1326–1408), Teshubot haRibash (Constantinopla, 1546) sec. 101.

Corresponde a cada individuo subir a vivir [en la Tierra de Israel]. Sin embargo, este no es un mandamiento que comprenda todo para todo [el pueblo de] Israel en su exilio, sino que se niega a la colectividad… Porque es uno de los juramentos que el Santo Eterno, bendito sea, ha conjurado a Israel, que no apresuren el Fin y suban el muro. Considere lo que les sucedió a los hijos de Efraín cuando forzaron el Fin prematuramente. – R. Solomon ben Simón Durán (c. 1400 – 1467), Teshubot Yakhin wuBoaz (Livorno, 1872), vol. 2, sec. 2.

Personas de poco valor y en gran número han partido hacia la Tierra de Israel… No sabemos qué dio lugar a esta gran necedad… Y si uno dice: ¿no es bien conocido ni renombrado desde los días de antaño que el pueblo ha siempre ido a la Tierra de Israel desde todos los rincones [de la Tierra]? [Respondemos:] Esto es cierto, pero lo han hecho sólo en pequeños números cada vez, y con privilegios adecuados por parte de los gobernantes de las tierras; nunca se ha reportado que una multitud tan grande haya ido allí junta… Por lo tanto, nuestros eruditos hermanos y líderes, os rogamos: Que todos los que están haciendo este movimiento retrocedan, que cada persona regrese a casa en paz, y no apresuren el Fin como los niños de Efraín hicieron, el cielo no lo permita… [Rezamos para que] nuestros ojos vean al Señor regresar a Sión… y todo el pueblo de Israel [seguirá] y ascenderá allí para ver la presencia del Señor nuestro Dios en su casa escogida [i.e. el Templo de Jerusalén]. – Los líderes de la comunidad judía en Castilla, mediados del s. XV. Vea B.Z. Dinur, “El Movimiento Aliá desde España a la Tierra de Israel tras los pogromos de 1391” (en hebreo), Zion 32 (1967), págs. 161-74.

El mandamiento de heredar la Tierra y habitar en ella no se observa excepto en los días de Moisés, Josué, David y mientras el pueblo de Israel no haya sido exiliado de su tierra. Sin embargo, después de su exilio, este mandamiento no es obligatorio para las generaciones siguientes hasta el advenimiento del Mesías. Por el contrario, según el final del tratado Kettubót, se nos ordena no rebelarnos contra las naciones al conquistar la tierra… no ascender el muro. En cuanto a la afirmación de Nahmánides de que los Sabios concebían la conquista de la tierra como una guerra obligatoria, esta afirmación se refiere a un tiempo futuro, cuando no seremos subyugados por las naciones. Pero con respecto a su declaración [de Nahmánides] de que el Sabio haciendo una hipérbole al alabar el acto de habitar en la tierra, esto se refiere específicamente al tiempo en que se el Templo esté de pie; ahora, sin embargo, no hay ningún mandamiento de vivir allí. – R. Isaac de León (circa 1540), Megillat Esther sobre Sefer haMisswot, Mitzwat Aséh 4 de Maimónides (Jerusalén, 1959), pt. 2, p. 42.

La sola idea [de crear un estado judío] es una ofensa a la memoria de los videntes inmortales en su visión iluminada que Israel se mantuvo siete veces purificado como la personificación de una creencia humanizadora, como el educador reconocido de la humanidad… No la mera posesión de un pedazo de terreno garantizado por protocolos es la aspiración de los corazones piadosos entre el remanente de las tribus… [Los esfuerzos para crear un estado] resultarían peores que una quimera. Sería un malicia absoluta. – R. Sábato Morais (1823 – 1897), “The Dispersed of Judea”, Evening Telegraph, Enero 29 1877, Ledger p. 102. Morais fue un rabino sefaradí italiano de descendencia judeoconversa portuguesa tres generaciones antes, líder de la Congregación hispanoportuguesa Mikveh Israel (Filadelfia, EE.UU., fundada en 1740). Él, junto con el R. Henri Pereira Mendes de la Congregación hispanoportuguesa Shearith Israel (Nueva York, EE.UU., fundado en 1654), fue fundador del Seminario Teológico Judío (fundado en 1886), intencionado para ser un centro educativo para los judíos tradicionales observantes de la Torá.

Opiniones y declaraciones modernas de judíos sefaradím y must‘arabím, líderes comunitarios y activistas

Si nosotros, los herederos de Rabí Yehudá haLeví y Maimónides, deseamos seguir sus caminos, también debemos saber árabe y fusionarnos con los árabes como lo hicieron ellos, los grandes sabios. Como nación semítica debemos reforzar nuestra nacionalidad semítica y no desdibujarla dentro de la cultura europea. Utilizando el árabe podemos crear una verdadera cultura hebrea, pero si la mezclamos con elementos europeos simplemente estaremos suicidándonos. – A. Nissim Ya‘aqob Malul (1892 – 1959), “La cuestión del hebreo enseñando árabe”, Ha-Herut, Junio 19, 1913. Nissim nació en Safed de una familia de orígenes tunecinos. Su padre era Moshé Hayyim Malul, líder rabínico de las comunidades judías de Tanta y El Cairo.

[14 de octubre] Incluso nuestras nuevas instituciones y prensa [sionistas] ayudaron a avivar las llamas del malentendido entre los árabes y nosotros [los judíos]. Estas instituciones no toman en consideración a nadie más que a los judíos y a Europa, e ignoran totalmente a sus vecinos. Trataron a los árabes de manera discriminatoria y no los tomaron en cuenta, imitando la actitud occidental predominante hacia los árabes, a pesar de que los europeos fuertes en realidad utilizan métodos diferentes aquí en la región. Hace ya dos años y medio que tenemos presente la Declaración Balfour. Está siempre presente en nuestros periódicos, reuniones y festivales, y está totalmente fuera de control. Las numerosas celebraciones no deberían haberse realizado y los numerosos artículos [de autofelicitación] no deberían haberse escrito. Los artículos altisonantes y los carnavales que no llegan en el momento ni en el lugar adecuados sólo socavan las acciones del líder y confunden su “perspectiva”. (mi énfasis en negrillas)

[15 de octubre] Quienes acusan a la antigua comunidad judía – especialmente a la comunidad sefaradí – de “asimilación árabe” indican, si realmente creen lo que dicen, que no saben lo que es la asimilación. Asimilación significa utilizar el idioma y las costumbres del país; es la sumisión total a su cultura… Cuando tales sentimientos se apoderan del individuo y gobiernan su vida, el resultado es que se asimila. La asimilación es una sensación de pequeñez, de sumisión mental ante los fuertes. La persona mentalmente asimilada no recuerda que Israel es único, el “pueblo elegido”.

Este tipo de actitud no puede nacer del judío ni del judaísmo oriental.

[…] Los judíos de Oriente no se asimilaron. Esto se debe a que el Islam protege las religiones y las tradiciones de otros pueblos porque así es como mantiene intacta su propia identidad. Por eso Israel sobrevive en Oriente.

[…] La asimilación exige “seamos los judíos como el resto de las naciones”; el nacionalismo declara “seamos los judíos como una más de las otras naciones”. No soy un experto autorizado para decir nada sobre este dilema. Pero debo comentar que debemos tener cuidado con esta cultura que nos llega en recipientes nuevos. Debemos estar atentos a que esto no arruine el sentimiento de orgullo judío que prevalece especialmente en Oriente. Debemos permanecer alerta para que nuestra cultura mantenga su antiguo carácter y espíritu y no se convierta en una cultura europea de habla hebrea. – Hayyím ben Kiki (1887 – 1935), “HaTarbut haEropit baMizrah,” Do’ar Hayom, Octubre 14 y 15, 1920. Hayyím era un intelectual sefaradí de Tiberíades, hijo del rabino Shemuel ben Kiki (muere en 1919), rabino principal de la corte rabínica de Tiberíades.

Antes de la guerra [la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial], los nacionalistas [sionistas] veían nuestra Tierra como destruida y desierta, esperando nuestras manos laboriosas. Creían que los habitantes de la Tierra, lo quisieran o no, tendrían que aceptarnos.

                […] Es cierto que antes de la Gran Guerra era imposible imaginar que la cuestión [árabe] se convertiría en un asunto tan complicado. Pero aun así, los nativos [judíos] de esta Tierra [los sefaradíes] sentían que las cosas no estaban bien organizadas y que todo ese ruido – acompañado de ese tono arrogante que nos llegaba desde fuera – era inadecuado tanto para la época como para el lugar. El [más antiguo] Yishuv sefaradí, una comunidad que vino de las tierras de Oriente a un país oriental – cuya alma se forjó y formó a lo largo de varias generaciones con los pueblos árabes – intuyó que algo desagradable estaba ocurriendo aquí, y que todo este movimiento [activista] no se llevó a cabo decentemente. Pero las amonestaciones, críticas y advertencias [de los sefaradíes de Palestina] se consideraron carentes de sentido. Sólo provocaron burlas y dieron lugar a acusaciones de asimilación. Los nuevos colonos [europeos] dicen que cualquier judío que hable el idioma de su país natal se está asimilando.

                Los líderes ahora ven que la semilla del mal que han plantado comienza a dar frutos y así ven sus errores. – Hayyím ben Kiki, “Al She’elat haShe’elot beYishub haAress”, Do’ar Hayom, Agosto 30, 1921.

Debe decirse en los términos más claros posibles: nuestros líderes cometieron un pecado imperdonable inmediatamente después de la Declaración Balfour [1917] y la conquista británica de la Tierra [de Palestina] cuando se negaron imprudentemente a comprender la realidad. Cuando la primera Junta de Representantes [sionista] comenzó a actuar, ignoró a los árabes que habían vivido aquí durante siglos; que veían este lugar como su hogar; y quiénes tienen derechos pasados, presentes y futuros en esta tierra.

[…] Todas las advertencias anteriores expresadas por los mejores y antiguos miembros de la comunidad [sefaradí] del país – aquellos que desde el principio advirtieron a nuestros líderes – fueron en vano. Estas advertencias, dicho sea de paso, no perjudicaron nuestras aspiraciones nacionales fundamentales; el propósito exclusivo de aquellos [veteranos sefaradíes] que aconsejaban precaución era insistir en la precaución al establecer relaciones con aquellos [árabes no judíos] que ya vivían en la Tierra… Sin embargo, es difícil comprender cómo estos líderes no lograron comprender la situación y no buscaron un curso de acción más realista que tuviera en cuenta la realidad existente en la Tierra. – Elie Eliajar (1899 – 1981), “Yehudím weArabím.” HaMizrah, Septiembre 11, 1942. Elie nació de una distinguida familia sefaradí de rabinos, líderes y empresarios de Jerusalén. Junto con David Sutton, fue uno de los fundadores de la Federación Sefaradí Mundial y sirvió como líder de la comunidad sefaradí en Jerusalén durante muchos años, antes y después de la fundación del estado de Israel.

Los judíos de Irak no sienten que tengan un problema que resolver con ayuda externa. Sus problemas internos – si los hay – deben resolverse mediante el entendimiento mutuo y la cooperación [con los árabes en Irak]. No sienten la necesidad de emigrar a Palestina, Estados Unidos o cualquier otro país, y si hay algunas excepciones, han de deberse a razones comerciales, religiosas y tal vez otras sentimentales.

                Los judíos en Irak no tienen organizaciones políticas; no están mentalmente politizados. Las masas saben muy poco sobre Palestina excepto lo que leen sobre ella en la Biblia y otros textos religiosos. Puede que haya algunos extremistas en ambos lados, pero su influencia debe ser insignificante. – Ibrahím al Kabir (d. after 1964), “Testimonio ante el Comité de Investigación Angloamericano,” Public Record Office, Londres, 371/52514. Ibrahím nació de una distinguida familia judía iraquí y fue uno de los líderes de la comunidad judía en Bagdad.

Es de vital importancia para los defensores antisionistas diferenciar entre sionismo y judaísmo. El primero es un movimiento racista diseñado para dominar la Palestina árabe, evacuar a su población indígena y formar un gobierno sionista. El judaísmo, por otro lado, es una religión divina que no tiene nada que ver con el sionismo político. Sin embargo, este último suele estar bien dispuesto a hacer agitación en nombre de la fe judía, con la tendencia a manipularla para servir a fines colonialistas, similar a cualquier otro movimiento explotador reaccionario.

[…] Los judíos en los países árabes también denunciaron el sionismo, con 1,000 jóvenes judíos formando un grupo antisionista, y líderes judíos espirituales y piadosos en Damasco y Alepo participaron en manifestaciones de protesta contra el sionismo… El sionismo intenta forzadamente confundirse con el judaísmo. Afirma falsamente “representar a los judíos del mundo”. Por lo tanto, debería declararse expresamente que quien confunda sionismo con judaísmo – sin importar cuál sea su religión, denominación o ideología – está, de hecho, sirviendo, voluntaria o involuntariamente, al sionismo y a su amo, es decir, el colonialismo. – Yusuf Harún Ziljá (b. 1921), alSahyuniyah ‘aduwat al’arab wa al-yahud (Sionismo contra árabes y judíos), in ‘Usbat Mukafahat alSahyoniyya fi al‘Iraq 1945-1946 (La Liga de Lucha contra el Sionismo en Irak 1945-1946). ed. ‘Abd al-Latif al-Rawi (Damasco: Dar alJalil, 1986), 99-185. Ziljá era un judío bagdadí que trabajaba como oficinista de ferrocarriles, periodista, autor y activista comunista, que fue elegido líder de la Liga para la Lucha contra el Sionismo a la edad de veinticinco años.

La comunidad judía árabe egipcia ha vivido durante largos siglos al lado en amistad y fraternidad con el resto de la población de Egipto… Hace unos años, los propios judíos egipcios estaban bajo presión y mucha influencia de la propaganda sionista concertada y generalizada que intentaba inculcarles las ideas chauvinistas y racistas que predominan abrumadoramente en su enfoque de la creación del llamado estado judío en Palestina.

[…] Criticamos expresamente la propaganda sionista en Egipto dirigida al drástico aislamiento de la comunidad judía por parte del pueblo egipcio. Estamos decididos con todas nuestras fuerzas a luchar contra los agentes del sionismo en Egipto que traicionan los intereses reales de los judíos egipcios para servir a intereses absolutamente opuestos a los de los judíos e incluso a los de todo el pueblo egipcio.

[…] El sionismo, mientras tanto, está diseñado para confundir a toda la población judía del mundo y colocarla en una situación difícil. También pone en peligro el destino de los judíos en Palestina y, por razones egoístas, saca provecho de la miseria que experimentan los inmigrantes. El sionismo finalmente intenta aislar seriamente a la comunidad judía egipcia del total de la población egipcia. Por lo tanto, la Liga [judía para combatir el sionismo] puede afirmar con seguridad que el sionismo representa el movimiento más peligroso que jamás haya surgido en la historia judía y es un obstáculo para la solución del problema judío. – Marsil Shirizi, Awraq munadil Itali Fii Misr (Papers of an Italian fighter in Egypt) (alQahirah, Egypt: Dar al’Alam alThalith, 2002). 52-56. Marsil fue un destacado activista marxista y autor de numerosas obras en árabe, francés e italiano. Nació en El Cairo de una familia judía italiana. A los veintiún años se unió al antifascista Movimiento Internacional por la Paz y en 1939 cofundó – con Henri Curiel y Hillel Schwartz – el movimiento marxista al-Itihad alDimuqrati (La Unión Democrática).

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